Zarandeados por las pruebas

»Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe”.

Lucas 22:31

La pruebas y sufrimiento llegarán en algún momento de nuestras vidas, es inevitable. Ser parte de este mundo incluye experimentar el gozo y el sufrimiento, sin distinción. Hace unos meses un querido amigo experimentó la muerte de su joven y amada esposa a raíz del cáncer y hace solo unos días, a causa del coronavirus, el padre de una amiga de juventud partió de este mundo. Mientras oraba y pensaba en esto, en lo inevitable del dolor y la muerte, el Señor traía a mi memoria aquel episodio en que Jesús le dice a Pedro que sería zarandeado como trigo porque venían tiempos de grandes pruebas. Y qué gran verdad, porque el dolor pone a prueba nuestra fe, la reacción inmediata como seres humanos es preguntarnos ¿Dónde está Dios?¿Por qué permite que viva esto? ¿Existe Dios? 

Zarandear significa mover una cosa de un lado a otro con rapidez y energía, es el proceso de separar el grano de la paja. Somos zarandeados como trigo, movidos de un lado a otro por el viento de la tragedia. Nuestra mente tiende a confundirse, a cuestionar todo aquello en lo que hemos puesto nuestra confianza. Sufrimos, sentimos dolor, impotencia, anhelamos cambiar nuestra realidad, despertar de la pesadilla solo para darnos cuenta de que es real, y que nada podemos hacer para cambiarlo. 

Jesús, antes de ser arrestado para ser sacrificado le dice a Pedro: »Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe”.  Lucas 22:31

En momentos como estos somos vulnerables a las mentiras de Satanás. Lo primero que él nos dirá es que Dios no nos ama, que él no es bueno, que nos está castigando, y que nos abandonará. Es en estos momentos que debemos cuidar nuestra mente y corazón más que nunca, tomar el escudo de la fe para apagar los dardos de fuego (mentiras) que arroja el maligno.

Nuestro Señor Jesús, experimentado en quebranto e intercesor por excelencia, conoce nuestro dolor, no solo por su naturaleza divina – soberanía y  omnisciencia- sino porque él vivió en carne propia la angustia y dolor físico, del alma y espíritu. Anticipándose a la prueba de fe que experimentarían sus discípulos, en especial Pedro, clamó al Señor para que no volvieran atrás y negaran su Fe, porque en momentos de dificultad, somos tentados a pensar lo peor de Dios y sus planes, a buscar la ayuda acudiendo a personas “x” o poner nuestra confianza en estrategias humanas. Somos tentados a rebelarnos, y abandonar nuestra fe. 

En circunstancias así, una gran lucha se desata en el mundo espiritual. Debemos ser conscientes de esta realidad y pelear esta batalla de rodillas en oración y con la Palabra de Dios, recordando sus promesas:

“Dios no me ama”. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio” 1 Juan 4.10

“Dios no es bueno”. Den gracias al SEÑOR, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Salmo 136.1

“Dios me está castigando”. El amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4.18

“Dios me abandonó”. Porque el Señor no abandonará a Su pueblo, ni desamparará a Su heredad. Salmos 94.14

De la misma manera que intercedió en aquel momento tan doloroso por sus discípulos, intercede hoy por nosotros en nuestra angustia, él está cerca de los quebrantados de corazón, porque en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran Sumo Sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos: Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.

Él traerá la paz que necesitas, infundirá nuevas fuerzas, en el llanto traerá alivio y sanidad al corazón quebrantado. 

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