Todo lo vivido me preparó para el ministerio pastoral

TESTIMONIO PASTOR ANDRÉS STUARDO RIQUELME

Mi nombre es Andrés Stuardo Riquelme, tengo treinta y ocho años y sirvo como pastor ordenado a cargo del área de las Nuevas Generaciones de la Iglesia Dinamarca (2da. ACyM Temuco). Junto a mi esposa Lorena Beroíza y nuestra hija Beatriz llevamos más de siete años de ministerio formal en nuestra iglesia con la ayuda de Dios.

Siempre he pensado que si alguien hubiese viajado al pasado anticipándome que estaría sirviendo al Señor como lo hago hoy, no lo creería y hasta me reiría. Porque a decir verdad, nunca pensé en ser pastor. Y creo que esta es una de las primeras características en común que tienen muchos de quienes han respondido al ministerio pastoral o misionero, y es el hecho de que nunca lo desearon. Pero el llamado de Dios es irrevocable y, en su gracia y humor tan particular, me ha tenido por fiel poniéndome en el ministerio.

Vengo de una familia pastoral aliancista. Mis padres, Elías Stuardo y Herminda Riquelme, llevan 36 años de fructífero ministerio pastoral hasta el día de hoy. Y si bien fui formado en el evangelio y me bauticé cumplido mis doce años, como muchos hijos de pastores, fue tiempo después que realmente consagré mi vida a Dios y experimenté su gracia y verdad de manera personal.

Mi infancia la viví en Villarrica, lugar en el que mis padres desarrollaron su primer ministerio pastoral. Desde muy pequeño recuerdo acompañar a mi papá a las congregaciones rurales de la iglesia local, cantando canciones del Trío Mar de Plata o participando en las antiguas campañas evangelísticas que se hacían en el Cuerpo de Bomberos de la ciudad. Luego, después de nueve años de ministerio en Villarrica, a principios del año 1993 nos trasladamos a Iquique. Mis padres, bajo una convicción dada por Dios, habían aceptado el desafío de consolidar la iglesia que había sido plantada en dicha ciudad. Para esos años el norte grande era considerado zona misionera y significó un cambio importante para mí y mi familia. En Iquique viví mi adolescencia, la cual no estuvo exenta de contrariedades. Porque si bien siempre estuve de una u otra manera sirviendo en la iglesia, espiritualmente no estaba bien. Al salir de la enseñanza media decidí estudiar una carrera del ámbito de la salud accediendo más a las expectativas de mis profesores que al deseo de Dios para mi vida. ¡Grave error! Es que cuando no tienes claridad en tu identidad espiritual no puedes esperar tener claridad en tu llamado en la vida. Pero llegaría luego el año 2002, año en que me consagraría a Dios marcando un antes y un después en mi vida. A esa altura había decidido retirarme de la carrera dedicando mi tiempo en servir al Señor pero ahora bajo una clara identidad de hijo amado y perdonado por Él.

Luego, y en este nuevo contexto, el año 2003 me trasladé a Santiago para estudiar pedagogía en una universidad privada y fue durante este tiempo que comencé a experimentar una inclinación por el ministerio pastoral. Comencé a sentir una carga por mis compañeros que no conocían a Cristo. Junto a otros compañeros cristianos conformamos un grupo de oración y alabanza en la universidad con el cual, en varias oportunidades, compartimos abiertamente el evangelio a compañeros y profesores. A su vez, desde el año 2004 al 2006, fui invitado a servir en el proyecto de plantación de la Iglesia ACyM de Peñalolén. Curiosamente mis padres son los pastores de esa hermosa Obra ahora. Recuerdo que, viviendo en Maipú, no me importaba viajar horas en las antiguas micros amarillas para llegar a Peñalolén con tal de servir en la alabanza y liderar al grupo de juveniles de la naciente iglesia. Luego de titularme me casé y volví a Iquique y junto a mi esposa levantamos una pastoral hacia los adolescentes a quienes nos entregamos por completo. Fue en este tiempo donde experimentamos el llamado al ministerio pastoral junto a mi esposa. Luego nació nuestra hija y recién cumplido su primer año de vida, decidimos finalmente obedecer al llamado de Dios viajando al sur para estudiar y prepararnos en el Seminario Teológico de la ACyM en Temuco el año 2010 con el respaldo de nuestra iglesia local.

Una vez egresados del Seminario fuimos invitados a ser parte del Equipo Pastoral de la 2da. Iglesia ACyM Temuco sirviendo, desde el año 2014 a la fecha, a las nuevas generaciones de nuestra iglesia local. Hoy pastoreamos, junto a 65 líderes comprometidos, a 230 personas entre niños, preadolescentes y adolescentes sin contar a muchos de sus padres a quienes también atendemos. Hoy puedo decir con seguridad que mi propósito en este tiempo es discipular a las nuevas generaciones de tal forma que construyan proyectos de vida centrados en el reino de Dios.

Al escribir mi historia y recordar los momentos vividos creo firmemente que Dios trabajó en mi vida un proceso formativo a lo largo de mi niñez, adolescencia y juventud. Y si bien no siempre estuve consciente de esto, me he dado cuenta de que todo lo vivido me preparó para el ministerio pastoral que actualmente desarrollo hacia las nuevas generaciones. He comprendido que nuestra vocación no es más que la suma de nuestras habilidades adquiridas en el tiempo, dones espirituales, talentos, inclinaciones y sobre todo las experiencias vividas, sean buenas o malas, consciente que todas las cosas nos ayudan a bien a los que conforme a su propósito hemos sido llamados.

Y si bien el llamado al ministerio pastoral es personal y no heredable, es innegable la influencia que ha ejercido en mí el ministerio de mis padres. Su entrega sacrificial a otros, los riesgos de fe tomados en su vida y los frutos obtenidos en el tiempo han influido en mi vocación pastoral, la misma que un día dije que nunca abrazaría. Dios, por gracia, tenía otros planes para mí. Solo espero seguir creciendo y siendo fiel al llamado que Él ha puesto en mis manos.-

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