¡Sólo me tocó!

¿Por qué no podría yo ser parte de esta realidad?

“Aunque transites en valles de sombra y de muerte, Dios va delante de ti; Él está contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te intimides. Pon todo en oración, y así podrás experimentar la paz de Dios que supera todo lo que podemos entender. Él cuidará tu corazón y tus pensamientos mientras vivas en Cristo.”  (Salmos 23.4; Deuteronomio 31.8; Filipenses 4.6 – 7)

Hay experiencias o realidades en la vida que uno las observa de lejos. Escuchas a otros hablar de ellas, tienes algo de conocimiento al respecto o te das la libertad de opinar sin saber realmente lo que se vive. Realidades que te son ajenas o ves muy lejos la posibilidad que lleguen a ser parte de tu mundo.

Sin embargo, hoy, 1 de cada 8 mujeres contrae cáncer de mama: y yo fui una de ellas. 

Por mucho tiempo se escuchó decir que el principal factor de riesgo para contraer cáncer de mamá era tener algún antecedente familiar directo; madre, hermana o hija. Sin embargo, ese factor hoy no es determinante, pues solo alcanza a un 5% de la población femenina. Sin excluir a los varones, que también pueden contraer cáncer de mamas, pero claramente es menos frecuente en ellos.

En el próximo mes de mayo, se cumplirán dos años que el cáncer me tomó de sorpresa. Sin existir antecedentes familiares, sin ser una consumidora de alcohol y tabaco, sin tener algún factor de riesgo, sólo me tocó. Y, ¿por qué no podría yo ser parte de esta realidad? Fue una de las preguntas que me hice, cuando las enfermedades son parte de la vida.

¿Fácil? Para nada. Al principio, la noticia te asusta, te llenas de preguntas y de temores, te anticipas al desenlace, como casi siempre, pensamos lo peor, ya que para muchos, la palabra “cáncer” es sinónimo de muerte. Después de dar expresión a tus sensibilidades humanas, recuerdas que no estás sola, que eres hija de Dios, que todas las cosas te ayudarán para bien. Debes estar constantemente recordándolas y repitiéndotelas a fin de rodearte de una seguridad tan profunda al tomar conciencia que esta es una realidad espiritual en tu vida.

Me aferré a Dios, pues la “Oración” era lo único que estaba a mi alcance, como así también la confianza de que Dios me escuchaba. Recuerdo perfectamente una mañana, muy temprano, una oración que hice al Padre, guiada por el Espíritu Santo, en donde me rendía a sus pies. Fue una oración que marcaría la diferencia en todo este proceso que estaba viviendo y en lo que me tocaría vivir. Recuerdo mis palabras: “Señor, sé que si tu no hubieras permitido que esta enfermedad me tocase, no me estaría sucediendo. Sin embargo, no te pido que me sanes, acepto lo que me ha tocado vivir, solo te pido que no me dejes sola en ningún momento y que al final de todo me des la victoria, para tu Honra y Gloria.” En ese momento encontré la paz y cada vez que algún pensamiento de angustia o temor me invadía, recordaba esta oración.

Por otro lado, también tenía la certeza de que Dios me había puesto sobre aviso a través de un pensamiento radical que vino a mi mente. El cáncer era agresivo, iba avanzando a pasos agigantados. Dios es su misericordia y gracia no permitió que pasará desapercibido frente a mis ojos, no permitió que avanzara silenciosamente, lo dejo al descubierto, de esa forma tendría la oportunidad de ser extirpado a tiempo. Y así fue, a los pocos días, llegó el momento de la cirugía. Luego vino la radioterapia y por cinco años seré tratada con hormonoterapia. La quimio no fue parte de mi tratamiento, sería más dañina que beneficiosa para mí. 

Les comparto mi experiencia con la finalidad de ponerlas sobre alerta, de que sean responsables “no se dejen estar” y se realicen los exámenes periódicamente. El cáncer está más cerca de lo que imaginan. Y a aquellas que hoy lo padecen, les digo: 

“Aunque transites en valles de sombra y de muerte, Dios va delante de ti; Él está contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te intimides. Pon todo en oración, y  así podrás experimentar la paz de Dios que supera todo lo que podemos entender. Él cuidará tu corazón y tus pensamientos mientras vivas en Cristo.” 

(Salmos 23.4; Deuteronomio 31.8; Filipenses 4.6 – 7)

Testimonio de Pamela Villalobos, La Florida Santiago.

1 Comment

  • Priscila
    8 meses ago

    Hermoso Testimonio!

Leave a Comment

Your email address will not be published.

Start typing and press Enter to search