Resurgimiento de las iglesias en casa en el contexto de pandemia

ESCRITO POR PASTOR IVÁN FLORES H.

“El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas”.

Hechos 17:24-25

La pandemia del coronavirus es un serio desafío a la forma en que los seres humanos socializamos y nos involucramos en nuestras familias, comunidades, negocios e incluso en nuestras iglesias. Para los cristianos la experiencia de adoración, siempre ha sido una fuente de fortaleza espiritual en la experiencia comunitaria, pero esta, por ahora debe trasladarse a una experiencia más privada: nuestra casa. 

Reunirnos, adorar y orar juntos en los hogares ha sido nuestra respuesta natural y automática en tiempos de crisis pandémica. Cuando se tomó el cuidado de cerrar los templos y otras reuniones públicas como una forma de contener el virus, muchos líderes de iglesias comenzaron a explorar formas y medios nuevos y creativos de comunicación, adoración, oración y cuidado de sus comunidades. 

Lamentablemente no todos nuestros miembros tienen acceso a internet, por ello muchos de ellos se volvieron al contexto de las primeras iglesias, buscar fortaleza espiritual en sus casas. Es así como desde marzo del 2020 muchas familias se reúnen en su hogar para dedicarse a la adoración, y fue así como la Alianza Cristiana y Misionera retornó a los hogares. Nuestras voces y cantos, testimonios y alabanzas, oraciones y aliento se levantaron en cada hogar Aliancista.

Si bien es posible que hayamos estado perdidos de las estructuras más grandes, como son nuestros templos, en las diversas actividades ministeriales, y de las conferencias anuales y otros. Definitivamente,  ejercer el ministerio en el contexto del COVID-19 nos ha regresado al concepto de iglesias en las casas. 

Es posible que antes de la pandemia estábamos divididos en el tipo de adoración, para muchos solo era un concepto reducido a palabras tales como tradicionalistas, centristas y/o progresistas. Es más, es posible que una generación tuviera a Dios reducido a un edificio, olvidándose que el Señor “no vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo”. Dicho esto, no deberíamos dejar en el olvido que en los inicios de la Iglesia cristiana la vivencia de iglesias en las casas era el motor de presencia divina. 

Y ahora, tal vez a medida que regresamos a las iglesias en casas que son más privadas, hemos podido reflexionar más sobre lo que significa ser una iglesia.  Para la mayoría de nosotros, la palabra “iglesia” sólo se refiere a púlpitos, bancos o sillas y grandes templos. El edificio de la iglesia siempre nos dió un sentido de estabilidad de nuestra fe. Pero también es verdad que el edificio de la iglesia también es un espacio especial para adorar a Dios y reunirse en sociedad con otros miembros de la iglesia. 

Entonces, en el contexto del distanciamiento social, es difícil tener esta misma comprensión de ser iglesia. Quizás, hemos dado esto por sentado durante mucho tiempo. Tal vez por ello el mantenimiento del edificio de la iglesia ha requerido una gran parte del presupuesto, aún frente a los desafíos en los campos misioneros.

La gran mayoría de nosotros sabemos que durante el cristianismo primitivo, los edificios de las iglesias no eran abundantes. Hechos 2:46a sugiere que “todos los días se dedicaban a reunirse en el templo y a partir el pan en sus hogares”. Otros  ejemplos del concepto de iglesias en las casas en el Nuevo Testamento como se indican en Hechos 12:12; 16:40; Romanos 16:3,5; y, Filemón 1-2.

Las iglesias en las casas han tenido que ser revividas durante este tiempo de la pandemia de coronavirus y han brindado oportunidades para que las familias y amigos participen en la oración, el estudio de la Biblia y en el compartir la fe. Así que durante este tiempo, tenemos la oportunidad de hacer un examen de conciencia y participar en el diálogo sobre el futuro de la iglesia y su impacto en la misión.

Para finalizar nos podemos preguntar y desafiar en nuestro crecimiento espiritual: ¿Y si lo más recordado de 2020 fuera la forma en cómo respondió la iglesia en tiempos de pandemia? ¿Qué pasaría si nuestras iglesias se hicieran más famosas por el amor, tanto interna como externamente?  

Pensemos desde nuestros tiempos con Dios en los hogares, despertemos al amor, anhelemos estar en nuestros templos demostrando amor unos con otros. Después de todo, el amor – por Dios, por los demás, por el prójimo e incluso por los enemigos – es la marca por la cual los seguidores de Jesús deben ser conocidos por el mundo que nos rodea (Mateo 5:43-48; Marcos 12:30; Juan 13:35 y otros). Por sobre todo no perdamos nuestra fe y amor para nuestro Dios, porque él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas”.

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