¿Qué es el evangelio?

Al preguntarnos ¿qué es el Evangelio?, pareciera que estamos ante una pregunta muy fácil. Parece bastante evidente que el Evangelio se trata de Jesús muriendo en una cruz y resucitando para salvarnos del pecado y la muerte. “…Cristo murió en lugar de nosotros, que éramos pecadores. Tal como lo enseña la Biblia” (1 Corintios 15:4, TLA) 

Esto es cierto, ¡pero es algo más!

La vida de Jesús

No nos equivocamos al decir que el Evangelio es una historia, la de la vida de Jesús. Pero se trata de algo más que Su vida. El Evangelio también incluye Su muerte y resurrección y todo lo que esto significa para nosotros. En otras palabras, es la oferta de salvación de Jesús a través de Su obra de sacrificio en la cruz. El Evangelio y las Buenas Noticias incluyen naturalmente la salvación. Tanto los apóstoles Pedro como Pablo lo predicaban cada vez que hablaban. Ante multitudes de personas, su mensaje siempre fue el mismo: La muerte de Jesús en la cruz, Su resurrección y ascensión al cielo, y concluían apelando con un llamado a arrepentimiento.

Los que hemos creído nos hemos convertido en nuevas criaturas debido a la obra de Jesús en la cruz.

Un mensaje

El Evangelio es un mensaje sobre el reino de Dios y su reivindicación de nuestro pecado. Esto tiene pleno sentido en el hecho de la encarnación de Jesús, la que señala a un reino y a su Rey. También llama a la gente a acercarse a Dios y creer quién es realmente Jesús: El Hijo de Dios.

Entonces es natural que un llamado a la adoración mueva a aquellos que creen lealtad al Rey, que es exactamente lo que Dios está buscando de nosotros como vemos en Deuteronomio 6:5: “Escucha, oh Israel. El Señor nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”. Es un llamado a la lealtad y fidelidad a Dios, siendo el mandamiento más alto de la Biblia.

Un nuevo mandamiento

Jesús tomó el mandamiento más grande y agregó un elemento más importante en una conversación con un escriba judío. “Jesús le dijo: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y gran mandamiento. Y el segundo es así. Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:35-39).

El mensaje del Evangelio se reduce a un reino que ofrece salvación, pero que simultáneamente demanda lealtad y obediencia exclusiva a su Rey, esto sucede al guardar el mandamiento más grande: Amar a Dios, amar a los demás.

Un anuncio divino

El profeta Isaías, en el capítulo 52, anuncia el reino de Dios, y a posterior en el Nuevo Testamento, hay otro anuncio de Jesús como El Hijo de Dios, El Cristo, el Mesías y el Señor (Mateo 3:17).

Jesús mismo declaró que Él es el cumplimiento de la Ley, que Él es el Mesías prometido. Sus apóstoles continuaron con ese mensaje a lo largo de sus ministerios, incluso estuvieron dispuestos hasta la muerte. Pedro hizo el mismo anuncio poco después de la ascensión de Jesús: Israelitas, ustedes tienen que reconocer, de una vez por todas, que a este mismo Jesús, a quien ustedes mataron en una cruz, Dios le ha dado poder y autoridad sobre toda la humanidad” (Hechos 2:36, TLA). 

Dios mismo declara que Jesús es el Mesías y el Señor de todos (Marcos 1:11). Él es el rey de Israel, el Hijo de Dios, y ahora está sentado a la derecha del trono del Padre con autoridad soberana.

Un llamado al arrepentimiento

El arrepentimiento es una parte crucial del Evangelio. Pablo hizo del arrepentimiento un punto importante en su predicación y enseñanza, a veces en medio de gran riesgo, al igual como lo hicieron Pedro, Santiago y Esteban. Este es un componente esencial cuando compartimos el Evangelio.

El verdadero arrepentimiento, que precede a la salvación, ocurre cuando alguien cambia su opinión de Dios y se arrepiente de su pecado. Esto es poner toda nuestra confianza en Dios y decidir conscientemente seguir a Jesús día tras día.

Recuerden, el mensaje del Evangelio del que hablamos es que Dios desea nuestra lealtad para Él. Y, lo hacemos expresando nuestra lealtad arrepintiéndonos y luego cambiando diligentemente nuestra mente y comportamientos para ser más parecidos a Cristo.

Salvación

Visto lo anterior, podemos decir que la salvación es el objetivo final del Evangelio y el beneficio primario para todo creyente. Termina nuestra separación de Dios que comenzó en el jardín con Adán y Eva y comienza una nueva relación, basada en la obra expiacional de Jesucristo y la presencia continua del Espíritu Santo.

Debido a la única obra de Jesús en la cruenta cruz, toda la hostilidad e ira de Dios se ha ido, ahora tenemos paz con Él, y tenemos liberación del pecado y la muerte. Más que eso, somos eternamente adoptados en la familia de Dios. 

Un llamado a la fe

En última instancia, el Evangelio trata de la fe y nuestro llamamiento a ella mediante un mensaje de esperanza, redención, renovación y salvación como se profetizó en el Antiguo Testamento, teniendo su cumplimiento en el Señor Jesucristo. 

El Evangelio es el anuncio que el reino de Dios ha venido mediante la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el Señor y el Mesías, en cumplimiento de las Escrituras de Israel. Por lo tanto, el Evangelio evoca fe, arrepentimiento y discipulado; sus efectos incluyen la salvación y el don del Espíritu Santo.

Somos parte en la historia del Evangelio

Ahora que sabemos lo que es el Evangelio, ¿cómo podemos ser parte de su historia?

Jesús dijo que simplemente se confiara y creyera que Él es el Cristo prometido que murió y se levantó de entre los muertos, y que un día volverá a buscar a Su pueblo. No hay nada más que se deba hacer.

Sin embargo, nuestra salvación no termina ahí. Una de las órdenes finales de Jesús fue salir y “predicar el Evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). Pero también nos manda que “hagamos discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Si no nos avergonzamos del Evangelio, entonces nuestro discipulado será una actitud natural. Nuestra nueva vida con Jesús será evidente, y nuestra lealtad a Dios y fidelidad a Su reino serán un maravilloso testimonio de la salvación.

Entonces, si eres creyente, traza una meta personal, alcanzar a otro para Cristo, para llevarlo a la salvación. Y, si aún no es parte de la historia del Evangelio, le invito a que lo reconozcas como Señor. Es un hermoso viaje de gracia, alegría, libertad, vida verdadera y definitivamente buenas nuevas, evangelio.

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