Moldeada para las misiones

Cecilia Albonoz Cohen

La vida de Cecilia es un testimonio de entrega y pasión por Dios, una vida que giró en torno a la persona de Cristo, y obedecer su llamado de ir a las naciones. Cecilia nació en Valdivia el 28 de abril de 1967, fue hija de Nancy Cohen Pérez y Vicente Albornoz Salazar: con una mezcla sanguínea muy apropiada para lo que haría en el futuro campo misionero, Cohen (judío) Albornoz (árabe). 

La menor después de tres hermanos varones, regalona de sus padres que soñaban con una hija. Desde pequeña fue desarrollando un carácter fuerte e independiente. En una ocasión toca a nuestra puerta un fotógrafo, venía a dejar y cobrar una foto encargada por la señorita Cecilia quien lo detuvo en la calle para que la fotografíe en pose afirmada en el portón de su casa, ella tenía 5 años. 

Sus primeros pasos en el cristianismo, aproximadamente a los 10 años los dio en la Iglesia Bautista Llaima en donde se formó como Auxiliar de Niñas, proceso que conducía a futuras profesoras de Escuela Dominical. Años después reconocía esta temprana formación como fundamental para trabajar en cualquier área de la iglesia. 

En su adolescencia manifestó con mayor intensidad su carácter fuerte, difícil de doblegar. Su mamá posteriormente reconocería que fue la “más difícil” de sus cuatro hijos. Pero Dios continuó trabajando en ella y es en este periodo cuando tiene un encuentro con Cristo que comienza a moldear su carácter. Su independencia es marcada, siempre saliendo, del hogar y de la ciudad, muy amistosa, visitando hermanas, alojando fuera, cosa que no hacían sus hermanos varones. Ella tiene un llamado  claro a las misiones en esta etapa de su vida; se acerca a un líder religioso para que la oriente, pero la decepciona con un “no sirves para nada”. Fiel a su llamado se retira de esa congregación decidida a estudiar misiones en el ITT de Temuco, en los años 1995 a 1999, finalizando el Bachiller Superior en Misionología. 

Desde ese entonces, toda su carrera fue en pos de extender el reino de Dios en los diferentes lugares donde se disponía a servir, instancias que le permitieron desarrollar un carácter maduro en Cristo y que sirvieron de preparación en su envío a la misión transcultural. 

Cecilia hoy descansa en los brazos de su Señor, recordamos su vida y reconocemos su legado de fe y amor por Cristo y su Evangelio. En una oportunidad se le preguntó por qué deseaba ministrar en Israel, y su respuesta fue “porque el porcentaje de cristianos renacidos ahí es menor al 2%; porque los judíos son un pueblo menospreciado y perseguido que necesita conocer el amor de Dios; porque Israel es una base estratégica para ministerios a todo el Medio Oriente, no solo para mí, sino para muchos otros con llamado. Quiero ver a otros chilenos visitando, amando y ministrando a Israel, y espero ser capaz de apoyarlos”, señaló.

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