Ministerio híbrido en una iglesia pospandémica

Ya sea que tenga alta tecnología, poca tecnología o nada de tecnología, es casi imposible perderse el cambio que está teniendo lugar en nuestra cultura y delante de nuestros ojos, debido a COVID-19. Seguramente esta temporada ha despertado la curiosidad, la que va en creciente aumento. La participación en lo digital ha generado e impulsado a la creatividad y conexión. Es así, como observando se puede decir que por primera vez, la tecnología digital está dando forma a nuestros valores.


Ya sea que tenga alta tecnología, poca tecnología o nada de tecnología, es casi imposible perderse el cambio que está teniendo lugar en nuestra cultura y delante de nuestros ojos, debido a COVID-19. Seguramente esta temporada ha despertado la curiosidad, la que va en creciente aumento. La participación en lo digital ha generado e impulsado a la creatividad y conexión. Es así, como observando se puede decir que por primera vez, la tecnología digital está dando forma a nuestros valores.

Y al respecto, en nuestro caso, nuestras iglesias ACYM, necesitan tener la capacidad y voluntad para comprometerse con una cultura cambiante; necesitamos una iglesia que no tenga miedo y se atreva a aceptar preguntas difíciles. Como integrantes de una congregación, ¿cómo nos adaptamos a este medio de interconexión?

Ser Iglesia Pospandémica

De pronto, de una manera radical y discordante, la pandemia nos abrió a la posibilidad de análisis y diálogo sobre lo que significa ser una iglesia local. A partir de marzo del 2020 nos hemos visto enfrentados a una nueva realidad, en la que muchas de nuestras suposiciones tradicionales se voltearon, cuando literalmente convertimos una institución de ladrillo y madera en una virtual, esto ocurrió de la noche a la mañana. La mañana del domingo 08 de marzo del 2020 todos los templos se abrieron como era la normalidad, y los que llegaron celebraron con alegría un encuentro como iglesia adorando al Señor, nadie se imaginaba lo que vendría. Una semana más tarde habíamos convertido nuestra casa en un estudio improvisado y transmitimos en vivo nuestro servicio por primera vez a través de Zoom o Facebook Live.  

Fue así como las circunstancias fuera de nuestro control, hicieron que anuláramos la noción de que los que van a la iglesia deben estar físicamente presentes para adorar. Y esto fue difícil, en gran parte debido a nuestra teología sacramental y encarnacional. Nuestra comprensión de la Iglesia es de carne y hueso; tocamos físicamente las cosas para bendecirlas y recibirlas; construimos el Cuerpo de Cristo que es la iglesia cantando juntos y abrazándonos unos a otros y compartiendo la Mesa del Señor y después tomando café.  

Y de pronto nos dimos cuenta de que todas esas cosas, que valoramos mucho, ya no eran posible. Pero, igualmente, nos dimos cuenta de que todavía seguíamos siendo una iglesia a la distancia, desde nuestras casas (ahí donde había nacido la Iglesia originalmente). 

Por supuesto que la adoración en línea no agrada para todos y hay algunos entre nosotros que no pueden acceder a la adoración de esta manera. Y, sin embargo, una gran mayoría de las personas, hemos podido mantenernos conectados a través de la adoración en línea a través de las llamadas redes sociales y Zoom (y nació la “congregazoom”). Por mucho que nos haya gustado estar juntos en persona, nosotros en la ACYM, al igual que las iglesias cristianas de todo el mundo, hemos tenido que ser creativos para mantener unida a la iglesia local.  

Pasado el tiempo, después de los meses en medio del COVID-19, es importante detenernos y reflexionar sobre lo que hemos aprendido y así pensar en las lecciones a las que nos aferraremos para seguir adelante.  

Este artículo de la revista no intenta proporcionar todas las respuestas, sino que busca invitar a las preguntas y reflexión. Cada contexto es diferente y las cosas que funcionan para una iglesia rural o urbana, no pueden traducirse de igual manera para otra. Sin embargo, hay algunos puntos en común y verdades profundas que están surgiendo a medida que buscamos colectivamente un camino a seguir, no sólo para los medios de auto preservación, sino para la transformación y renovación de la Iglesia en el siglo XXI y desde nuestra realidad chilena y Aliancista. 

Lo anterior exige que nos preguntemos si buscaremos volver al modelo de “la forma en que siempre ha sido” o si permitiremos que el Espíritu Santo abra nuestros corazones a nuevas formas de ser Iglesia. Inicialmente, hemos reflexionado sobre la necesidad de explorar la adopción de un modelo de iglesia híbrida que combina lo tradicional (música / presencial) con lo innovador (interactivo / en línea). Cada vez estoy más convencido de que debemos ser una iglesia que metafóricamente da la bienvenida a las personas con trajes y corbatas en persona, y a las personas que usan vestimenta informal y beben café en línea mientras el culto se realiza. Para ello se hace necesario que encontremos el equilibrio adecuado en lo tecnológico y espiritual, y no creo que estos sean mutuamente excluyentes. 

Reflexionar y considerar:

  • 1.    ¿Qué nuevos ministerios surgieron durante la pandemia?
  • 2.    De estos, ¿cuáles conservaremos en el futuro? 
  • 3.    ¿Hubo ministerios específicos para la pandemia que naturalmente se desvanecerán cuando nos volvamos a reunir? 
  • 4.    ¿Qué ministerios pre-pandemia deberían/podrían dejarse ir porque ya no son esenciales para la misión de nuestra iglesia local? 

 Para pensar:

Posiblemente, la Iglesia no será completamente digital, ni lo deseamos debido al vínculo de los afectos. Los seres humanos anhelan el espacio sagrado y el tacto físico, luego de meses COVID-19 lo ha dejado muy claro. Históricamente, nuestra tradición de fe está arraigada en la encarnación de Cristo, y por ello se siente particularmente atraída por los actos presenciales que exigen interacción física.

Pero esto no significa que podamos darnos el lujo de descuidar la digitalización del mundo. Y esta pandemia, por necesidad, ha obligado a las personas a encontrar comodidad en el mundo digital. Desde reuniones de Zoom hasta ordenar comestibles en línea, escuelas remotas, telesalud y adoración en línea; definitivamente, estamos haciendo las cosas de maneras que nunca podríamos haber imaginado previas a marzo del 2020. ¡Es un cambio de repercusiones sísmicas! 

Y entonces cuando todo haya terminado, nosotros como iglesia, no podemos simplemente meter la cabeza en la arena y fingir que aquí nada sucedió e intentar meter al genio digital de nuevo en la botella. Desafortunadamente, muchas iglesias locales harán esto, pero será en su detrimento y probablemente esa actitud conducirá a la muerte final. Esa es solo la realidad de ser una institución espiritual analógica y envejecida en un mundo digital cada vez más secular y acelerado. 

Finalmente:

En lo humano hemos visto y aprendido duramente que la vida es frágil, vivir con incertidumbre es difícil, como igualmente hemos comprobado que la desigualdad es real y que las relaciones son críticas. Estamos en el momento que como iglesias podamos fomentar una mayor interconexión de expresiones que trasciendan las formas tradicionales a través de la voluntad de amar a nuestros vecinos que no se parecen a nosotros o no actúan como nosotros o viven cerca de nosotros. 

Creo que esta temporada de pandemia nos ha ayudado a aprovechar lo que realmente importa en esta vida: Las relaciones, el amor, la fe, el desinterés, el arte, la música, el significado. Llegó el momento para que cada iglesia sea capaz de hablar sobre estos aspectos de nuestra humanidad — y compartirlos — de maneras más profundas, como nunca.  

¡El futuro está delante de nosotros! Leamos bien los tiempos previos al retorno de Jesucristo.

Start typing and press Enter to search