La Iglesia conectada

Un tremendo desafío nos planteó la pandemia en todas las áreas de la vida, pero en el contexto de la iglesia, el reto más grande que debimos enfrentar fue seguir en comunión los unos con los otros. ¿La solución que encontramos? Usar todos los medios de comunicación disponibles, que por cierto, desde hacía varios años estaban al alcance de todos nosotros, pero que no fueron considerados hasta que la necesidad se hizo apremiante.  Algunas iglesias a nivel nacional ya habían incursionado en redes sociales y transmisiones en vivo de sus cultos, pero otras estaban aún en la disyuntiva de si hacerlos o no de manera pública.

Sin duda el Señor nos impulsó a raíz de una necesidad, a salir del ámbito privado de nuestros templos a la esfera pública y así marcar presencia como Iglesia de Cristo en plataformas en linea como Facebook, YouTube e Instagram, anunciando el Evangelio: proclamando, enseñando, orando y adorando, tal como dijera Pablo en su carta a los Corintios: “como cartas de Dios, conocidas y leídas por todos los hombres” tanto por los que creen, como por los que no creen. Es maravilloso ver todos los domingos, a través de nuestros dispositivos tecnológicos, cómo la palabra de Dios corre y es glorificada, desde temprano en la mañana hasta pasado el mediodía.

Poco a poco hemos ido ganando un espacio en el mundo digital, que sin duda debemos aprovechar. Una vez que volvamos a la “normalidad”, podemos seguir en la modalidad híbrida: presencial y online. El desafío que tenemos por delante ahora es ir mejorando en todos los aspectos: tanto en el contenido de nuestro mensaje y publicaciones, como en la forma de presentarlo. Es mi oración que el Señor nos otorgue tanto la sabiduría y creatividad, como también los recursos humanos y económicos que nos permitan ir avanzando hacia la excelencia y así Dios sea glorificado.

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