El Evangelio: una buena noticia

El Evangelio hoy, son buenas noticias, como nunca antes. Entre más se oscurece nuestro mundo, con más fuerza brillará la luz de este poderoso mensaje. Una de las cosas que he aprendido en mis años de caminar con Cristo, es que el Evangelio no son buenas noticias para aquellos que creen ser ricos (pero que en realidad son pobres); ni para los que creen que pueden ver (pero que en realidad son ciegos); tampoco es para los que creen estar sanos (pero que en realidad están enfermos); o para aquellos que se sienten “libres” (pero que en realidad son esclavos). No. El Evangelio es para aquellos que se saben necesitados: pobres, ciegos, enfermos, y esclavos. 

El Evangelio fue una buena noticia para nosotros cuando creímos: cuando fuimos convencidos de nuestro pecado por la obra del Espíritu Santo, y por ende confiamos en el sacrificio de Cristo en la cruz como el acto suficiente para limpiarnos de nuestra maldad, siendo de esta forma, justificados y santificados para acercarnos nuevamente a Dios. Sin embargo, con el pasar de los años y debido a la frágil memoria que nos caracteriza como seres humanos, con frecuencia olvidamos las verdades de esta buena noticia que fue iluminada un día en nuestros corazones, por eso, la importancia de permanecer diariamente en la Palabra.

En una serie de instrucciones que Pablo le entrega a su discípulo Timoteo le escribe: “No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. Este es mi evangelio”. Instrucción que, de alguna manera, hace hincapié en la centralidad del mensaje que Timoteo no debía perder de vista por ningún motivo. Una instrucción que, de manera personal y como miembros de la Iglesia universal, deberíamos atender seriamente, sobre todo en estos tiempos de tanta confusión y apostasía. La proclamación del mensaje del Evangelio (ayer, hoy y siempre) es la gran tarea de la Iglesia, mientras Dios nos conceda tiempo, por eso la necesidad de recordarlo constantemente y contextualizarlo a nuestra realidad.

En esta edición de la revista abordamos el mensaje integral del Evangelio; la importancia de la proclamación de las buenas nuevas a través del servicio al prójimo; y, entre otras temáticas, la suficiencia de este mensaje para el hombre actual. Para finalizar comparto una cita sacada de una de las reflexiones en esta edición, que resume muy bien este último punto: “La Iglesia debe seguir perseverando en proclamar el Evangelio de Jesucristo y del Reino de Dios, creyendo fervientemente que es suficiente en sí mismo para transformar personas y comunidades, dando testimonio de esto por medio de una vida que honre al Señor, a fin de que podamos decir con plena libertad, como lo hizo Pablo: “No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios, para salvación a todo aquel que cree” (Ro 1:16). 

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