El debate sobre la eutanasia en Chile

ESCRITO POR PRISCILA QUINTANA

Temas impensados hasta hace unos años atrás, poco a poco están tomando espacio en la discusión pública. Los medios de comunicación como el cine, la televisión, y la prensa hacen un trabajo perfecto en cuanto a visualizar estos temas bajo el prisma de “libertad individual”. 

La semana recién pasada en Perú, “un juzgado de la Corte Superior de Justicia de Lima ordenó al Ministerio de Salud de Perú respetar la voluntad de acceder a la eutanasia a Ana Estrada Ugarte” una psicóloga de 44 años que padece polimiositis, enfermedad tratable pero incurable, que debilita los músculos voluntarios del cuerpo, situación que le hizo perder toda autonomía. Según su mirada “esto se trata del amor por la vida, de libertad. Yo amo tanto la vida que una vida sin libertad no es vida”.

En Chile la eutanasia no está permitida, pero desde 2018 se viene tramitando un proyecto que busca modificar la Ley N° 20.584, que “regula los derechos y deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su atención en salud, con el objeto de permitir la muerte digna o eutanasia”. El 17 de diciembre de 2020 el proyecto de ley fue aprobado en general por la Cámara de Diputados con 79 votos a favor, 54 en contra y 5 abstenciones. Sin embargo, debido a las indicaciones presentadas en la discusión, la moción fue derivada a la Comisión de Salud, para retomar la discusión ahora en el mes de marzo 2021.

Así como en Perú, en Chile también se han levantado voces pidiendo la muerte asistida: ”No tengo descanso, es algo tan terrible que no pueda descansar. Ni de día ni de noche (…) Ya no soporto mi cuerpo, no soporto no poder apoyarlo. Mi cuerpo está desgarrado. Ninguna parte puedo apoyar sin que me duela o no se rompa. Cómo no pueden entender que ya no puedo más”. Este mensaje fue escrito por Paula Díaz, una joven que durante 5 años padeció una enfermedad degenerativa, que nunca pudo esclarecerse con exactitud, pero que fue apagando lentamente, con mucho dolor, toda autonomía de Paula. Finalmente, esta joven falleció a los 20 años, sin intervención de terceros. 

Situaciones como esta se viven a diario alrededor del mundo, y en los intentos por hacer “la vida mejor”, se recurre a esta salida que, en última instancia, no resuelve los problemas de fondo: por un lado, la garantía que asegure cuidados paliativos para todos los ciudadanos que padecen enfermedades sin importar la condición económica y que cubra todas las patologías; y por otro lado, la necesidad (crucial) que cada ser humano tiene de su Creador, quien ofrece sanidad al alma necesitada y quebrantada por la mortal enfermedad del pecado.

Como pueblo de Dios creemos en la salvación y sanidad que Dios ofrece a través de la obra redentora de Jesucristo, es más, lo hemos experimentado en nuestras propias vidas: tenemos un mensaje que trae esperanza en medio de la desesperanza, descanso en medio del dolor, luz en medio de las tinieblas.

¿Qué impide levantarnos en un clamor por nuestra generación que cada vez más se hunde en el temor y la desesperanza? ¿Qué papel hemos de desempeñar como Iglesia en estos tiempos tan convulsionados? En Dios siempre hay esperanza, el mensaje del Evangelio sigue siendo el mismo: la reconciliación de Dios con los hombres a través de Jesucristo, que traerá vida abundante, aun en medio del dolor insoportable, la enfermedad o la muerte. Dios nos ayude cumplir nuestro llamado.

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