“Dios nos lleva de la mano y esa es nuestra seguridad”

TESTIMONIO. La experiencia de adopción de la familia Burgos González

Queremos compartir nuestra experiencia para llegar a formar una familia, somos Pedro y Carolina y acabamos de cumplir 15 felices años de matrimonio. Desde nuestro pololeo conversamos acerca de formar una familia y los dos estábamos de acuerdo en tener hijos biológicos y adoptivos. Luego de un año de casados iniciamos los trámites de adopción sin saber las dificultades que deberíamos sortear.

Ya con 5 años de casados llegó nuestro primer hijo, Pedrito, un pequeñito de 2 años recién cumplidos. Nos dijeron que tenía muchos problemas de salud y por eso era ideal que nosotros pudiésemos cuidar de él, teniendo en cuenta que Carolina es médico. En realidad los primeros meses nos preocupamos bastante de sus problemas respiratorios, además se sumaban nuestras limitaciones de padres primerizos, y nos habíamos perdido 2 valiosos años de la vida de nuestro hijo, considerando que él llegó con 2 meses a un hogar y esos primeros años eran trascendentes en su formación. Pedrito se integró a nuestra familia como si siempre hubiese estado en ella. Él es un niño chispeante, con mucha energía y con un corazón especial.

Luego de un par años de disfrutar con nuestro único hijo continuamos con el proyecto de familia numerosa, con fracasos y algunas dificultades, pensamos que un embarazo era cosa de tiempo y una segunda adopción debía ser mucho más fácil. Sin embargo, todas nuestras ideas se iban frustrando y pedíamos respuestas al Señor, pero parecía guardar silencio.  En ese tiempo lo más difícil fue aprender a esperar, otra vez; sabíamos que Dios tenía un propósito con nuestra familia y después de varios años, en oración e intentando no perder la esperanza, pues tal vez el tener sólo un hijo era lo que el Señor quería, era difícil de aceptar. Hasta que llegaron a nuestras vidas dos pequeños, era nuestro último intento, una niña y un niño, de 6 y 5 años, muy distinto a “nuestro” plan original.

El primer año con ellos fue un tiempo complejo, adaptarnos mutuamente todos,  aprender a amar más allá de lo grata o no grata que fuera cada situación, aceptar las historias de nuestros nuevos hijos, que sí estaban nítidas y frescas en su memoria,  muy distinto a nuestra primera experiencia. En ese tiempo debimos pedir apoyo, no sólo a nuestras familias, también a amigos y hermanos que nos apoyaron con su oración, a profesionales que también nos dieron una mano desde sus áreas. Realmente fue un tiempo difícil. Sin embargo, poco a poco pudimos ver cómo Dios iba moldeando el corazón de Laura y Claudio, pero también el nuestro y el de Pedrito. 

Ya llevamos 2 años y 3 meses siendo una familia grande. La casa creció, ahora todo es por 3, y hemos visto la mano guardadora y amorosa del Señor, sosteniéndonos en los momentos duros y regaloneándonos cada vez que vemos como nuestros hijos van creciendo, no sólo físicamente, sino también espiritualmente. Sabemos que la tarea continúa por largos años más y no tenemos claro qué es lo que viene, empero estamos día a día aprendiendo que nada depende de nuestro plan, sino de lo que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros. No es que nuestras fuerzas no decaigan, sino que Dios nos lleva de la mano y esa es nuestra seguridad.

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