Dios habla a través de la Enfermedad

¿Escuchamos a Dios al enfermar?

¿Habrá alguna razón por la cual Dios permita la enfermedad en la vida de sus hijos? El Dios único y todopoderoso que tenemos, quien nos ama más de lo que siquiera podamos comprender, permitió que la enfermedad llegará a los cuerpos de hombres fieles como Job (Job 2:4-7) o Pablo (Gal 4:13-14).

La Biblia a través de sus distintos libros nos muestra que no hay incompatibilidad entre el que Dios haya permitido e inclusive haya herido a ciertas personas por su pecado (Is. 53:8) y su inmenso amor y misericordia hacia el hombre.

Hoy en día un sector de la iglesia, influenciado por doctrinas surgidas en el siglo XIX, afirma que un cristiano en comunión con el Señor no puede estar enfermo y de ser así, sería evidencia de que vive en pecado, sea manifiesto u oculto. Sostienen que el texto Isaías 53:5 muestra que fuimos curados de toda enfermedad por el Señor. Una lectura exhaustiva de las escrituras nos mostrará personajes que pecaron y no enfermaron, así como entre otros Timoteo, siendo fiel tenía “frecuentes enfermedades” (1 Tim. 5:23). Este es un tema vasto, pero lo cierro mencionando que los hijos de Dios en comunión también fallecen y normalmente es a causa de al menos una enfermedad, precedida por el desgaste de sus cuerpos y esto no necesariamente porque hayan pecado.

Abordando el título de esta breve reflexión, ¿Escuchamos a Dios al enfermar? Es decir, cuando estamos pasando por un momento de prueba como este. Es indudable que nada pasa en nuestras vidas, sin que el Señor lo sepa o lo permita.

Por distintas razones y en distintos momentos de nuestra vida hemos enfermado, unas veces por negligencia nuestra en otras por distintas circunstancias, pero sin duda ninguna de ellas escapa del control de Dios.

Siempre hay un propósito en todo lo que el Señor permite en nuestras vidas, la enfermedad no es la excepción. Si nuestra negligencia o falta de responsabilidad con el cuerpo que Dios nos ha dado es la causa, ello nos debe enseñar a ser obedientes en cuidar el templo (1 Cor. 6:19), pues la mala nutrición con el exceso de comida no saludable o exponiéndonos a condiciones que propicien notablemente el deterioro de nuestra salud.

Por otro lado si aun cuidándonos hemos sido tocados por la enfermedad, puede ser un tiempo para tener más tiempos de búsqueda de Dios en oración, lectura de su palabra, meditación y detener el trajín en el cual muchas veces estamos absorbidos, a veces solo así podemos tener prolongados momentos quietos delante de nuestro creador, que son un deleite para nosotros (Sal. 119:15-16).

Si la enfermedad es compleja o prolongada, puede además ser un vehículo para evangelizar a médicos, otros pacientes y sus familiares, pero para ello tendremos que buscar intensamente a nuestro Salvador, porque no hay que olvidar que este será un tiempo de prueba.

La enfermedad, ayuda con mucha facilidad a entender lo valioso que es encontrarnos saludables, por tanto lo importante que es ser agradecidos por ello. Lo importante que es también enseñar a nuestros hijos o hermanos menores en la fe, a que igualmente sean agradecidos y una forma de agradecer el tener la salud que Dios nos ha dado, es cuidando de ella.

Es importantísimo dejar que el Señor haga su obra cuando enfermamos, aprender lo que haya que aprender y actuar conforme él nos muestra, sino esta prueba no habrá cumplido completamente su propósito en nosotros. La enfermedad muchas veces, además de lo mencionado, sirve para unir familias de sangre y a la familia en la fe, no solo en oración, sino en consagrar más sus vidas a Dios.

Si el tiempo de enfermedad, cumple el propósito en nuestras vidas, entonces podremos también decir: "De buena gana me gloriaré en mis debilidades para que repose sobre mí el poder de Cristo" (2 Cor. 12:7-10), recodemos que todo lo cual nos lleve a depender más de Dios y ser más agradecidos con él, siempre será bendición para nuestras vidas, aun cuando se presente con la forma de enfermedad.

Escrito por Miguel Linares Saavedra . Miembro 1era Iglesia ACyM Puerto Montt. Casado con Claudia y papá de Amanda. Más de 30 años en la vida cristiana, Lic. en Administración, Diplomado en Coaching, Diplomado en Comunicaciones, Estudios de Ciencia Política y cursando el MBA en la UACH.

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