Creados por el Dios trino para manifestar su gloria

Escrito por Priscila Quintana Urrutia

La Escritura da por hecho la existencia de Dios como creador y sustentador de vida, pues nos enseña que fue el Dios trino el autor de la creación: El Padre, Hijo y Espíritu Santo. El relato de la creación va mostrando, entre líneas, la participación de las tres personas de la trinidad en tan poderoso y sobrenatural acto. 

“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. Vemos que la frase “dijo Dios”, se repite aproximadamente unas siete veces. Las palabras brotan y todo comienza a existir. Sobre este principio arroja luz el libro de Juan cuando dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. En el principio era la palabra, era Jesús, creando junto al Padre. Esta verdad la reafirma el libro de Hebreos, cuando señala que “por fe creemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve”.

Dentro del mismo relato de la creación, se menciona también que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Es el Espíritu de Dios que no solo da vida a todo lo creado, sino también quién infunde aliento al hombre para llegar a existir: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. En este sentido el libro de Job señala “El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me da vida”. (Job 33.4)

Vemos a las tres personas de la trinidad, armónicamente, creando y dando vida a todo. Dios comienza a hablar, a crear, a dar vida, y lo hace a través de su palabra y el poder del Espíritu Santo.

Si bien, el Señor le da un mandato al hombre, de gobernar la tierra: «Sean fructíferos y multiplíquense…» lo que podría interpretarse como la razón de ser o existir del ser humano, lo cierto es que esto no fue un fin en sí mismo, sino fue un medio para alcanzar un fin. En este sentido, Berckof plantea que la creación “es aquel acto libre de Dios por medio del cual, Él, según el consejo de su soberana voluntad, y para su propia gloria, en el principio produjo todo el universo visible e invisible, sin el uso de material preexistente, y así le dio existencia distinta de la de Dios, pero dependiente de él”.

La Escritura, de principio a fin, nos señala que la razón por la cual Dios nos crea, no tiene que ver con el hombre en sí mismo. Dios no necesitaba crearnos, la Palabra enseña que Dios es suficiente en sí mismo, el no necesita nada fuera de él para estar completo: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas”. Hechos 17.25

Esto implica que en tanto que Dios existe por si mismo, es suficiente en si mismo, infinito y eterno; el mundo, y toda la creación, en cambio, es dependiente, finita y temporal. Que el mundo fuera creado de la nada, no quiere decir que se originó sin una causa, Dios mismo, o más específicamente, la voluntad de Dios es la causa de la existencia del mundo. 

Por lo tanto, Dios no existe por causa del hombre, sino el hombre por causa de Dios. Dios es la causa de todas las cosas, y la razón de crearnos, fue manifestar su gloria. Las gloriosas perfecciones de Dios y todos sus atributos, podemos verlos reflejados en la creación. “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa”. Romanos 1.20

Esta manifestación de su gloria, a través de lo creado, no solo es para ser admirada por sus criaturas, sino también se propone el bienestar de ellas y su perfecta felicidad. Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.  Isaias 43.7 Eso no anula la verdad de que él nos ama, y ha hecho todo lo posible para volvernos a él nuevamente.

En conclusión, no hay duda alguna que la creación, incluido nosotros, manifestamos la belleza, esplendor y gloria de un Dios que es infinitamente perfecto, que existe eternamente en tres personas: el Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Bibliografía:

1969. Berkhof L. Teología Sistemática 

Start typing and press Enter to search