Conociendo la labor del hogar de Niñas la Granja en los procesos adoptivos

Escrito por Javiera Muñoz, Psicóloga Hogar La Granja, miembro Iglesia Las Condes

El concepto de hijo es primordial en la vida y en la construcción de identidad en el creyente. Si ser adoptado por Dios permite que contemos con las bendiciones, beneficios y privilegios de un hijo, se torna relevante conocer acerca de dicho proceso y más aún poder vincularlo con aquellos que se llevan a cabo actualmente por diferentes organismos de protección a la niñez. 

La adopción como una acción del Padre, basada en el amor divino, ese amor que implica el compromiso de la voluntad en la búsqueda genuina del bien del otro, es la visión a la que se podría equiparar a lo que sucede en los procesos de adopciones legales, ya que los postulantes se enfrentan, por el deseo de asumir el cuidado de niños, niñas y adolescentes (desde ahora NNA) a un proceso que finalizará con la vinculación entre el NNA y su familia adoptiva. Adultos que han abierto el espacio para que, un individuo sin importar su historia y lo que esta conlleva, cuente con un espacio protector y de amor para desarrollarse. 

En el Hogar de Niñas La Granja, somos parte de estos procesos, no llevándolos a cabo, sino como intermediarios. Para que se pueda comprender, en el Hogar se reciben cada año niñas y adolescentes (desde ahora NAs), quienes son derivadas por Tribunales de Familia. Los motivos de ingreso dicen relación con la necesidad de detener situaciones de vulneración que puedan estar viviendo: desde negligencia parental grave, maltrato psicológico o físico, hasta abuso sexual infantil, entre otros. La decisión de institucionalizar a una NA se toma una vez que otros programas previos no han tenido el efecto esperado en las intervenciones o cuando las vulneraciones son de carácter grave y deben ser interrumpidas de manera inmediata. Cabe destacar que la institucionalización es una medida transitoria, debido a los efectos nocivos que provoca a nivel psicoemocional, por esta razón es que el objetivo de las Residencia, es el de restituir su derecho de vivir en familia. 

Para dar cumplimiento a dicho objetivo, se cuenta con un protocolo que conlleva una serie de acciones que implican despejar si existen adultos que puedan asumir el cuidado de las NAs, asimismo implica trabajar con los adultos que se encuentren disponibles, siempre priorizando la reunificación con familia de origen o familia extendida. Por esta razón la Residencia no lleva a cabo procesos de adopción, sino que genera vínculos con terceros significativos (padrinazgos), casos que podrían ser regularizados, quedando el proceso a cargo de la Unidad de Adopción y Tribunal de Familia competente. Caso contrario, cuando la NA no cuenta con un adulto que pueda asumir su cuidado, la Unidad de adopción puede iniciar una causa de susceptibilidad de adopción, proceso que se encuentra regulado por la Ley 19.620. 

Los procesos de adopción 

El Hogar La Granja trabaja con la Unidad de Adopción de SENAME que apunta al trabajo con NNAs que han sido vulnerados en sus derechos y que cuentan con características para ser adoptados, es decir, menores de 18 años declarados susceptibles de adopción. Para que un Tribunal determine deben generarse escenarios como que quienes detentaban el cuidado del NNA fueran inhabilitados física o moralmente, haber acreditado el desamparo en los plazos legales, que haya sido entregada a alguna institución desistiendo de obligaciones legales o cuando madre o padre entreguen voluntariamente al proceso, por no encontrarse en condiciones o capacitados para mantener el cuidado. 

Quienes quieran iniciar este proceso deben contar con ciertas características: edad entre 25 y 60 años, diferencia de 20 años como mínimo del adoptado, contar con evaluación física, psicológica y moral, tener dos años de matrimonio, a menos que uno sea infértil, caso en que no se exigen años. Contando con las características, se inicia proceso de realización del formulario de adopción y evaluación de idoneidad. Todo este proceso es llevado a cabo por la Unidad de adopción y Tribunal competente, la Residencia se encarga del cuidado de la NA quien permanece en residencia hasta que se lleve a cabo todo el proceso. 

Luego de la etapa de acompañamiento y preparación de los postulantes, se genera la etapa de selección donde profesionales de Unidad de Adopción dan cuenta al Tribunal de que postulantes cuentan con lo necesario. Una vez que el Tribunal determine que la familia puede asumir el cuidado del niño, se realiza la asignación y posterior acercamiento presencial, proceso que culmina con un acompañamiento post-adoptivo. Este proceso tiene el costo de las evaluaciones ya que son profesionales externos quienes la realizan, todo lo demás es de manera gratuita. 

En la Residencia se han conocido matrimonios que han enfrentado estos procesos como espacios de negocio, extenuantes, frustrantes, de largas esperas. Sería ideal desmentir tantas noticias o comentarios que se oyen, sin embargo, como Hogar se vive la otra perspectiva. Se encuentran aquellas familias, que transgeneracionalmente han estado sometidas a pautas de crianza poco sanas, a situaciones igual o más vulneradoras, lo que no justifica sus acciones, pero genera la necesidad de brindar espacios de apoyo, a fin de abordar la posibilidad de la restitución familiar como lo indican los lineamientos técnicos de la Residencia y sí, es un trabajo que lleva a cabo. Sin embargo, hay una tercera arista y es la de nuestras niñas y adolescentes y en este punto me atrevo a hablar en primera persona, como profesional de la Residencia. 

Actualmente en Chile el 64% de niños adoptados tienen entre 0 y 3 años, y es que, aunque uno no puede decidir a priori a quien va a adoptar, sí puede indicar sus expectativas, y no son muchas las personas que esperan adoptar a pre adolescentes o adolescentes con más edad, recuerdo claramente dos de mis niñas, que ahora son adolescentes, porque el tiempo pasó, y dejaron de ser la expectativa de alguien, “ya están criadas”, “ya están formadas”, “tienen muchas complejidades”, pero eso me hace pensar, qué diferente sería nuestra historia de vida si Dios hubiese pensado aquello de quienes hemos llegado a sus pies de jóvenes o de adultos, que diferente hubiese sido mi vida o tu vida, si Dios se hubiese detenido a mirar las secuelas de una vida de sufrimiento, traumas, dificultades, o malas decisiones. Gracias a su misericordia no fue así, nos acogió y día a día lo hace a fin de perfeccionarnos para un día verle cara a cara, por eso, creo firmemente que como Iglesia de Cristo podemos impactar en un área como ésta, a pesar de las complejidades que conlleva. 

Como Hijos de Dios que disfrutamos de una relación que no es ni física ni natural sino espiritual, muy bien podríamos entender lo que significa otorgar este regalo a otros que sufren por causa del pecado de quienes los tuvieron a su cargo. Como Residencia nos hemos esforzado en generar espacios, pero quienes conocen de cerca el trabajo, saben que el sistema es poco cordial con los padrinazgos, sin embargo, podemos visualizar que existe un espacio en donde vale la pena preguntarse si Dios podría usarnos para entregar la posibilidad de vivir en familia, de ser amado, cuidado y más aún de tener la oportunidad de crecer en un lugar que muestre a Cristo, el mayor tesoro que alguien se podría llevar de esta tierra. 

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