Carlos y Rosa Lefevre; los fundadores del Instituto Bíblico

El primero de noviembre de 1916 arribaron a nuestro país, desde Chicago, EE.UU, el matrimonio Carlos y Rosa Lefevre, quienes venían cumpliendo la comisión que el Señor Jesucristo dio a sus discípulos: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”. El 5 de julio llegaron a Victoria, y desde esa fecha consagraron todos sus esfuerzos al estudio del idioma para ser útiles en la obra del Señor. Al poco tiempo de la llegada a Victoria fueron enviados a Valdivia, siendo un motivo de bendición para la iglesia de ese lugar, a pesar de que no les era posible dominar el idioma, donde permanecieron más menos 1 año, siendo después de este lapso de tiempo trasladados al pueblo de Capitán Pastene, lugar en el cual, con la palpable dirección del Señor, procuraron establecer la obra. Es así que, mediante sus abnegados esfuerzos, edificaron el templo de esa iglesia, contando éste con las comodidades suficientes. 

Con ahínco trabajaron tratando de afianzar la obra de este pueblo, pero al mismo tiempo, el hermano Carlos, trazaba los planes para la fundación de un Instituto Bíblico, obra que urgía en vista de la gran necesidad que se dejaba sentir en la obra de la Alianza en Chile. No contando la Misión en aquella época con nada para empezar los trabajos, el hermano Carlos inició con un instituto ambulante, con cursos cuya duración sería de un periodo de 3 meses. Lógicamente, en forma muy rudimentaria e incómoda, se dio comienzo a esta gran obra, y como un proyecto preparado por Dios, se iniciaron las clases por primera vez el 4 de julio de 1921.

Primeramente el instituto funcionó en las ciudades de Valdivia y Victoria. Como este paso no era nada más que provisorio, ya que el propósito de su fundador, era la instalación del Instituto en un predio propio y que contara con la comodidades que un plantel de esta índole necesitaba. Se oró bastante y se dieron los pasos necesarios, comprobando después de corto tiempo que, Dios en una forma providencial, daba los medios necesarios para adquirir la propiedad donde se levanta actualmente el Seminario Teológico.

Los recursos para edificar en esta ciudad eran escasos, pero la alta visión de los hermanos LeFevre, era ver instalado definitivamente este Instituto en un edificio propio y aunque al principio hubo que hacer toda clase de sacrificios, todos los que estaban ligados a esta magna empresa, como profesores y estudiantes, no escatimaron sacrificarse, sabiendo que el Señor de la mies sabe recompensar a cada uno de sus hijos.

Los hermanos Lefevre continuaron en este trabajo, modelando con la dirección divina, nuevos pastores, obra que efectuaban con una abnegación ejemplar hasta el año 1928 por acuerdo de la Misión, se trasladaron a Victoria y luego a Chiloé, continuando allí el trabajo.

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