Adoptar en Chile

AUTOR: STEPHAN SHUBBERT, Abogado Iglesia Nacional

Vivimos tiempos donde las definiciones que sostenían nuestros pensamientos están siendo cuestionadas y re-definidas. La cultura, los vínculos, la familia, las relaciones y sus expresiones están viviendo una de las crisis más importantes de los últimos siglos. La fe y un Dios único han sido etiquetados de conservadurismo, llegando a discutirse incluso si es bueno que los niños sean expuestos a las creencias de sus padres. Respecto a los seguidores de Jesús, Santiago dijo: La religión pura y verdadera a los ojos de Dios Padre consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas en sus aflicciones, y no dejar que el mundo te corrompa (1:27, NTV). 

La esencia de los seguidores de Cristo tiene que ver con ocuparnos de las nuevas generaciones, protegerlos y atender sus necesidades. Santiago no solo habla a los padres, sino a los cristianos en general, es una indicación transversal de ocuparnos, de asumir una responsabilidad de ser familia, de ser como Jesús que amó a los niños al punto de declarar que de ellos es el reino de los cielos, hay una herencia para sus vidas. 

Abundan las especulaciones y razonamientos altivos que se levantan contra el conocimiento de Dios ( 2 Cor.10:5 NTV). El cuestionamiento del origen es una de las principales fortalezas que rige el humanismo actual, es un traslado de depósito de fe; desde Dios al hombre, poniendo a éste como centro y re-definiendo los límites de conceptos centrales como: familia, matrimonio, las relaciones, es decir, la cosmovisión que sostiene el modo como entendemos la vida en temas sensibles como el aborto y la adopción. En este último, se está intentando re-definir quienes son apropiados para adoptar, sacando la mirada del menor. 

¿Qué sucede con los cristianos en esta temática? 

De acuerdo a la doctora en educación María Dobles, existen una serie de razones o cuestionamientos previos a la adopción, como la responsabilidad que se asume, lo complejo de la vida actual, la dificultad económica, la edad, entre otros. En concordancia con ello la Alianza Cristiana para los Huérfanos publicó en el documento “Entendiendo las Estadísticas Sobre los huérfanos”, una serie de elementos que permiten comprender los números vinculados a la adopción y a la urgente necesidad de que los cristianos nos involucremos de forma activa. Señala que los números globales tienden a incluir únicamente a aquellos niños, niñas y adolescentes que actualmente viven en sus hogares, por lo que deja fuera de análisis a aproximadamente 2 a 8+ millones de niños, niñas y adolescentes que viven en instituciones, al mismo tiempo excluye a quienes están viviendo en las calles. 

Existe una realidad que nuestra sociedad no puede seguir evadiendo y debemos atender no desde una perspectiva reaccionaria, sino propositiva, creando las instancias necesarias para brindar a los niños hogares seguros, con protección y llenos de amor. Existe otra situación también importante, tal como señalan los mismo autores “a nivel mundial subestiman significativamente el número de huérfanos y no toman en cuenta a muchísimos niños que están entre los más vulnerables y con mayor necesidad de una familia” son los denominados huérfanos sociales

Los estudios dan cuenta que aquellos niños que cuentan con solo uno de sus padres, son más vulnerables a VIH, embarazo adolescente/infantil, depresión, suicidio, abuso de alcohol y drogas, institucionalización, malnutrición y muerte. Este es uno de los grandes motivos por los cuales es esencial el rol de la iglesia, en comprensión de su llamado a acoger, creando espacios de protección y apoyo, tanto a parejas que optan por la re-unificación, como de aquellos padres y madres que quieren adoptar un niño. El estudio revela que el número de niños que necesitan ser adoptados es altísimo, sin embargo, siguen permaneciendo altas barreras para que éstos puedan acceder a una familia, entre ellas: prejuicios, apatía a los huérfanos, además de la complejidad de las diversas políticas y leyes relacionadas a la adopción. Superando éstos, aún existe un grupo de niños “difíciles de ubicar” como niños con necesidades educativas especiales, aquellos mayores a cuatro años y hermanos. 

Es indispensable remover barreras y cultivar una cultura dentro de la iglesia que afirme y acepte la adopción. Para que de esta forma todos aquellos niños y niñas en situación de adopción, pero además, quienes viven en las calles o instituciones, encuentren en cristianos, familias de acogida, lo que implica ser familia temporal o un hogar permanente para ellos. Nuestro llamado es vivir las palabras de Jesús y sus discípulos, practicar, fomentar y facilitar la adopción, tal y como el Padre nos adoptó a nosotros y haciéndonos parte de su familia. 

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