Adopción ¿Qué papel estamos desempeñando hoy como Iglesia?

Editorial Marzo 2021 / ESCRITO POR PRISCILA QUINTANA, DIRECTORA SyV

Cada niño que se gesta en el vientre de su madre tiene derecho a nacer y vivir en familia, ser amado, protegido y educado: derechos básicos que, lamentablemente, no todos pueden vivir a plenitud.  Según cifras del SENAME -entidad que este último tiempo ha estado en serios cuestionamientos sobre su gestión- alrededor de 80 mil niños y adolescentes son atendidos cada año en residencias, familias de acogida y programas ambulatorios por orden de los tribunales, debido a que sus progenitores y/o cuidadores no tienen las competencias necesarias para velar por su protección. Competencias que, tampoco ha evidenciado tener el Servicio Nacional de Menores, organismo gubernamental encargado exclusivamente de proteger los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Si todas las instituciones de protección han fallado, y evidentemente lo seguirán haciendo, surge la pregunta obvia ¿qué papel estamos desempeñando hoy como Iglesia de Cristo ante esta cruda realidad? ¿qué rol deberíamos asumir como hijos de Dios (más allá de los sentimientos de impotencia e injusticia) frente a los hechos de abandono, abuso, maltrato, y en casos más extremos, asesinato de nuestros niños? ¿Qué formas prácticas existen hoy de involucrarnos en este tema más allá de la teoría? 

La edición de este mes se enfoca en la adopción, un proceso que como Iglesia conocemos muy bien, pues todos aquellos que hemos nacido de nuevo lo hemos experimentado, por la gracia de Dios, en algún momento de nuestras vidas. Efesios 1:5 dice que esto lo hizo nuestro Señor, a través de Jesús, sin que nosotros aportáramos nada en el proceso: “Nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad”. Como hijos recibimos una nueva identidad, y comenzamos a ser parte de una nueva Familia con todos los privilegios que eso implica. La adopción no es un tema aislado que podemos encontrar en las Escrituras, sino más bien la evidencia de un proceso que Dios, desde siempre (Jardín de Edén) tuvo en sus planes realizar: alcanzar y restaurar corazones huérfanos, con el que todos nosotros nacemos.

Como hijos de Dios tenemos una gran oportunidad de mostrar al mundo los valores del reino: una vida centrada menos en nosotros mismos (mis planes, mi comodidad, mi futuro) y más enfocada en el bienestar de mi prójimo, que se entrega en amor sin esperar nada a cambio, protegiendo a los más débiles y vulnerables de nuestra generación. Sé que la Iglesia de Cristo, de diferentes maneras y en muchos lugares, está evidenciando al mundo estos valores, a veces de manera silenciosa. Cada vez que una familia abre su hogar para acoger a otros, o vive un proceso de adopción, genera un gran impacto a su alrededor (del que muchas veces no se es consciente), porque más allá de las palabras, son hechos concretos que el mundo anhela ver en medio en una sociedad marcada por el individualismo y egoísmo.

Mi oración, es que estas páginas escritas abran nuestros ojos a la realidad de la necesidad de nuestros niños y adolescentes.

Start typing and press Enter to search